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Vocación médica

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¿Cuántas vocaciones médicas no se habrán quedado en el camino estos días con las notas de corte de acceso a la Universidad? ¿Cuántos alumnos sin vocación solicitarán plaza en medicina solo porque su 13,90 se lo permite a una carrera sinónimo de élite y trabajo asegurado? ¿Dónde ha quedado en este cruel sistema de acceso la vocación médica? 

Sufrí en su momento enfrentarme con mi hija, no ya a la selectividad, sino a los dos años previos de bachillerato. Como no era alumna de “todo diez”, sabía que, o trataba de aproximarse a esa excelencia durante esos años, o no tenía ninguna posibilidad de acceder a la carrera de medicina. Ella siempre tuvo una madurez muy extraña y clara su “vocación”, sin explicación racional y desde pequeña, lo que no creo tengan la media de alumnos de esa edad a los que el sistema obliga prematuramente a decidir su futuro. Décimas que les pueden alejar de su sueño. 

El otro día tuve el privilegio de compartir un café con los mejores de la medicina de Córdoba. Los que enseñan a esos alumnos, médicos especialistas que llevan toda una vida pegados al enfermo, directores médicos de nuestros hospitales y la situación que describieron es alarmante: No tenemos médicos. Una ausencia que se acrecentará exponencialmente en los próximos años cuando se produzca la jubilación de los médicos que masivamente se incorporaron en los años 80. Por cierto, muchos de los cuales, galenos de auténtica vocación, puede que nunca lo hubieran sido de haber tenido que soportar la paranoia de estas notas de corte imposibles.

Al problema de la falta de médicos, producto de un sistema que ha fracasado estrepitosamente, generando muy pocos titulados en relación con las necesidades reales, se une - me decían - la falta de vocación de médicos que, sin embargo, entraron a la carrera solo porque su privilegiada nota se lo permitió. Un binomio muy preocupante. 

Cuando mi hija terminó el bachillerato con un casi diez, pero no diez de nota media y me dijo “o estudio medicina o no estudio nada ”mi angustia vital fue enorme. Por ella, por su frustración, por su vida entera. No sirven de ejemplo los privilegiados por la vida que pueden pagar una universidad privada. Yo confieso que la pagué, reservé y me relajé. Su nota de corte se quedó a dos décimas (¿saben lo que es eso para toda una vida?) de entrar en donde ella quería, pero la vida y su tesón la bendijo entrando en otra facultad de medicina, aunque fuera muy lejos de Córdoba. Renuncié a la plaza “asegurada” - pagada y sin devolución - en la privada y ella, que quería estudiar a toda costa en la universidad pública y de la vida, cogió su maleta, su destino y su vocación… y allí está. Sigue siendo una privilegiada porque no todas las familias pueden pagar un destino universitario fuera de su lugar de residencia. 

El sistema ha fallado, y ahora vamos a tener las consecuencias de ello. ¡Ay si Maimonides levantara la cabeza! “…No permitas que la sed de ganancia y la ambición de gloria hayan de influirme en el ejercicio de mi arte…”, rogaba en su plegaria, porque ejercer la medicina debiera seguir siendo arte, entrega, ciencia, compromiso y vocación, pero nunca una simple forma de ganarse la vida. 

Mañana día 27 de junio, día del Perpetuo Socorro es el día de todos los galenos. Pidamos como Maimonides, el médico de principies y “príncipe de los médicos”, “que mis enfermos tengan confianza en mí y en mi arte”, porque el auténtico arte nace del conocimiento, pero también de una vocación hoy desdeñada, capaz de curar el cuerpo y también el alma. 

P.S. No tenemos médicos. 

¿Cuántas vocaciones médicas no se habrán quedado en el camino estos días con las notas de corte de acceso a la Universidad? ¿Cuántos alumnos sin vocación solicitarán plaza en medicina solo porque su 13,90 se lo permite a una carrera sinónimo de élite y trabajo asegurado? ¿Dónde ha quedado en este cruel sistema de acceso la vocación médica? 

Sufrí en su momento enfrentarme con mi hija, no ya a la selectividad, sino a los dos años previos de bachillerato. Como no era alumna de “todo diez”, sabía que, o trataba de aproximarse a esa excelencia durante esos años, o no tenía ninguna posibilidad de acceder a la carrera de medicina. Ella siempre tuvo una madurez muy extraña y clara su “vocación”, sin explicación racional y desde pequeña, lo que no creo tengan la media de alumnos de esa edad a los que el sistema obliga prematuramente a decidir su futuro. Décimas que les pueden alejar de su sueño.