Un hilo

El día que murió Enrique Morente me puse su disco Omega en mi equipo de música Technics, que va de perlas, me zampé media botella de whisky, lloré y fumé mucho. Escuchaba el disco a toda pastilla con unos auriculares para no molestar. Llegó mi compañera de piso y me preguntó qué es lo que hacía, que qué me pasaba. Me soné los mocos y le dije que nada. Me duché después. Me quedé de puta madre. Limpio, llorado.

Un amigo y yo todavía lamentamos no haber ido al último concierto que dio Leonard Cohen en España. Estaríamos tiesos u ocupados o lo que sea. No lo vimos.

Hace unos días empezaron las excavaciones en el cementerio de Nuestra Señora de la Salud –vaya un nombre para un camposanto- que devolverán cierta dignidad y repararán la memoria de hombres y mujeres con nombre, apellidos, rostro y descendientes.

Terminé de leer en una playa la última novela de Paul Auster. Se titula 4.3.2.1 y en su página 559 escribe: Federico García Lorca había vivido en aquellas dos habitaciones durante los meses que pasó en Columbia en 1929 y 1930. La 617 de Furnald y la 1231 de John Jay eran los sitios en donde había escrito "Poemas de la soledad de la Universidad de Columbia", "Vuelta a la Ciudad", "Oda a Whalt Whitman" y la mayoría de los poemas recogidos en "Poeta en Nueva York", libro que acabó publicándose en 1940, cuatro años después de que Lorca fuese apaleado, asesinado y arrojado a una fosa común por esbirros de Franco. Suelo sagrado.

El otro día, en el Rectorado de la Universidad de Córdoba, Antoñico Arias, jefe de Largatija Nick, en un acto de la Cátedra de Flamencología, nos volvió a contar cómo se parió ese artefacto en forma de disco nacido entre Morente, Cohen, Lorca, los Lagartija y otros más. Cosas que pasan en la ciudad.

Hay un hilo que hilvana todo esto. No me cabe duda.

Un hilo que me cose.

A ti también, quizás, aunque no lo sepas.

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27 de enero de 2019 - 02:00 h
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