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Sobre este blog

Cumpleaños

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Hoy es mi cumpleaños. Soy cáncer, un signo del zodiaco diagnosticado desde mi nacimiento (no suelo comer cangrejos, por cierto. No me gustan).

Tengo ya más años que los que mi madre tuvo. Soy mayor que cuando mi padre se quedó viudo. Es una cuenta sorprendente si reparo en ella. Es cosa abismal.

Hasta llegar aquí he conocido a cinco papas, siete presidentes del gobierno, he visto aviones estrellándose contra las Torres Gemelas mientras me comía unos espaguetis en un humilde pisito de soltero.

Nadia Comaneci hacía “dieces”, Induráin iba montado en una bici diésel todas las sobremesas somnolientas de verano. McEnroe estrellaba una raqueta sobre el césped de Wimbledon mientras comíamos fresas con nata. 

Me he mudado de casa seis o siete veces con toda la carga de pérdidas y ganancias que ese coñazo significa.

He mantenido tres relaciones estables. Otras cuantas, esporádicas. Ahora estoy en otra. El “presente continuo” es el título de un disco de un amigo. “Somos el tiempo que nos queda” es un verso de Caballero Bonald.

“Una relación estable” debería ser siempre inestable, por cierto. Es un oxímoron algo funky, pero lo prefiero.

Tengo las primeras ediciones en español de Saramago, Paul Auster o Murakami, por ejemplo. He visto conciertos de Tom Waits, Peter Gabriel, Elton John, Paolo Conte, Battiato y más. Nunca pude ver en directo a Leonard Cohen, lástima máxima.

He visto al Real Madrid ganar siete copas de Europa, al Barça, cinco.

Me ha tocado vivir que al gin tonic le echen cardamomo y pepino.

He tirado al contenedor el atlas que me compró mi padre. Creo que algunos olivos o encinas son los únicos más viejos que un atlas. Al menos los árboles sirven para algo. Cumplen una función.

Es mi cumpleaños. He llegado hasta aquí, hasta ahora.

A partir de mañana empezaré a vivir la mitad de mi vida. A partir de mañana empezaré a morir la mitad de mi muerte, que decía la canción de Alberto Cortez.

Y será lunes, que manda huevos.

Hoy es mi cumpleaños. Soy cáncer, un signo del zodiaco diagnosticado desde mi nacimiento (no suelo comer cangrejos, por cierto. No me gustan).

Tengo ya más años que los que mi madre tuvo. Soy mayor que cuando mi padre se quedó viudo. Es una cuenta sorprendente si reparo en ella. Es cosa abismal.